La basura sale de todos lados. Las soluciones no salen de ninguno.



Para nuestra universidad, la cual ha sido referencia y guía en tantos temas de vanguardia educativa, social, cultural y tecnológica, parece absurdo que el problema de los residuos y desechos nos ahogue cada vez más. Sin embargo, generamos mucha más basura que soluciones.

Sencillamente ya no se dan abasto los espacios destinados al depósito de los desechos. Las papeleras y cestos de basura, sin importar su tamaño, se han visto minimizados ante torres y torres de basura que hacen fila a su lado a cualquier hora del día, con la esperanza de una pronta recolección.



La Universidad Central de Venezuela no sólo ha colmado la capacidad de sus aulas, sus estacionamientos y su comedor, también ha superado con creces la cantidad de desechos manejable. Una caminata por las zonas más representativas y pobladas del campus nos muestra una cara alarmante; ya sean desechos de papelería, médicos, o alimenticios, no hay más lugar.

Y esto es sólo la consecuencia de dos conductas aún más impropias de quienes hacen vida en este magno instituto. Primero evidenciamos claramente que no se hacen reparos en medir y comprender las cantidades indiscriminadas de material que usamos y desechamos diariamente. Del mismo modo, aparecen la indiferencia y la costumbre, que impiden al individuo reflexionar sobre estas situaciones. Se ha hecho usual percibir este entorno sucio, irresponsable e insostenible, siendo nuestra mayor contribución la reproducción sin cesar de estas lamentables imágenes, en vez de reducirlas.


En la UCV, la basura no se apunta al cesto.




Cestos de basura volteados, rebosados y desechos que descansan en el suelo se han vuelto hoy un paisaje común en la UCV. En dantescas y lamentables imágenes encontramos como se combinan los evidentes problemas de recolección de residuos, el exceso de basura que producen los individuos dentro del campus, y la falta de conciencia y valores cívicos.

La universidad produce casi 5 veces más residuos de los que el sistema de recolección puede manejar de manera eficiente, y por si fuese poco, integrantes de la misma comunidad universitaria se dan a la tarea de crear estos paisajes terribles. Lamentablemente, se ha vuelto costumbre alimentar estos mini-vertederos de basura cuando se les camina cerca, haciendo la vista gorda al daño que se causa.








Se consciente. No seas cómplice.